jueves

El Cuaderno 36


Langostas y periodismo, Marco Avilés
Esto no es una novela, Elena de Lorenzo Álvarez
Dólares y tumbas, Andrés Catalán
Reyes de cerillas, Jesús Martínez
El testimonio como parte del arte contemporáneo, Jaime Priede
Los papeles póstumos de Nathan Zuckerman, Xandru Fernández
El misterioso caso del autor Roth y Mr. Zuckerman, Milo J. Krmpotic
Ficción, imitación, ventriloquía, Javier García Rodríguez
El lamento de Zuckerman, Miguel Rojo
El idioma del estupor, Tomás Sánchez Santiago
Tres poemas inéditos de 'Canción errónea', Antonio Gamoneda
Arenas móviles, Javier Ávila
Cargados de futuro, Manolo Cuervo
En (el) lugar de la acción, Juan Carlos Gea
Los papeles venerables, El Cuaderno
Un tres aparte, Fernando Menéndez
Agenda cultural del Principado

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El curso empieza algo más tarde de lo previsto, pero empieza finalmente. Hace justo un año, el 16 de octubre del 2011, El Cuaderno nacía como suplemento cultural del desaparecido diario La Voz de Asturias y sólo seis meses después encaraba su supervivencia como publicación independiente tras el cierre de la histórica cabecera. La experiencia —una brutal demostración de lo que los tiempos reservan a las empresas periodísticas y culturales— aconsejaba hacer acopio de fuerzas y garantizar la estabilidad después de una primera temporada muy gratificante pero llena de sobresaltos, en la que hubo que improvisar soluciones sumarias para situaciones extremas. 

Así lo hemos hecho. Y, tras la recarga y la reflexión, os entregamos el número 36.

Mantenemos la edición en papel, pero la ampliamos definitivamente a 24 páginas para dar aire a la variedad, la profundidad y el disfrute. Por eso mismo, confirmamos la periodicidad quincenal: una regularidad algo más relajada que la de un semanario y algo más intensa que la de la revista mensual. Seguimos también en la Red, con la versión íntegra y estrenamos además un nuevo canal en Internet: la recién nacida cabecera Eldiario.es, a la que El Cuaderno se incorporará próximamente como publicación asociada. Es una colaboración que nos ilusiona especialmente, sustentada en la pura afinidad y la convicción de que el formato digital es el cauce perfecto (y seguramente necesario) para unos valores ideológicos, periodísticos y culturales que cada vez lo tienen más difícil en los formatos tradicionales.

Por lo demás, el espíritu de El Cuaderno sigue intacto: una publicación cultural independiente, cuidada, versátil y cambiante, basada en la iniciativa, la calidad y la variedad de sus colaboradores (y en su infinita solidaridad), todo ello bajo el mismo lema que hace un año colocábamos al frente de nuestro primer número: crear, divulgar, resistir. Y, naturalmente, hacerlo de la manera más gozosa.

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