martes

El Cuaderno 35


Una gárgola en Gijón, Milo J. Krmpotic
La señorita Slope ha muerto, Laura Fernández
La España de la transición, Manuel Vilas
Fragmento de texto en construcción, Agustín Fernández Mallo
Los tatuajes de la ciudad, Mono González
Política de muros abiertos, Juan Carlos Gea
Historieta política: sí señor, y a mucha honra, Pepe Gálvez
Memoria de una empresa al revés, Rubén Vega
Huelgas mineras: de pasadas primaveras al crudo presente, Rubén Vega
En el borde del bosque de las ruinas, Carlos Caicoya
Rodolfo Walsh: hay un fusilado que vive, Elena de Lorenzo Álvarez
Al sur de Venus, Pablo Batalla Cueto




El presente monográfico dedicado a la XXV Semana Negra de Gijón cierra el primer curso de El Cuaderno, que se tomará un descanso estival hasta el próximo 15 de septiembre. Los 35 números publicados desde el 16 de octubre del pasado año serán también los de una primera etapa en la que la ilusión y las satisfacciones se han entreverado inevitablemente con la tristeza y los contratiempos. La desaparición, el pasado mes de abril, de La Voz de Asturias, en cuyas páginas nacimos como suplemento cultural, supuso un motivo de pena y preocupación en lo personal y en lo colectivo por la pérdida de una histórica cabecera asturiana; pero también impuso muy tempranamente un reto para El Cuaderno, abocado a decidir sobre su permanencia como publicación independiente.
A la vista de lo hecho en los primeros 26 números y de la calidez con la que fueron recibidos, la decisión del Consejo Editorial fue inmediata: seguir adelante. En principio, acordamos hibernar un tiempo en formato digital, alojados en nuestro blog; pero el empeño y el impagable esfuerzo de Trea, empresa editorial de El Cuaderno, y las inmediatas reacciones de apoyo permitieron volver al papel con sólo un número de intermedio.
Con todo, han sido meses complicados; meses de transición, en los que hemos intentado mantener la esencia del proyecto mientras cambiábamos a un formato de supervivencia y nos replanteábamos a fondo, simultáneamente, el futuro y la sostenibilidad de El Cuaderno. En todo este tiempo, ha resultado crucial un elemento que quisimos poner desde el principio en la médula de la publicación: sus colaboradores. Sólo su compromiso hace que sigamos existiendo; y, lo que es aún mejor, ha permitido que estas páginas transmitan a través de sus aportaciones un ejemplo emocionante de generosidad y entusiasmo en un momento en que esos valores cotizan a la baja. Por todo ello queremos cerrar este curso haciendo pública nuestra deuda de gratitud con ellos, que estamos seguros de que el lector extiende a la calidad de lo que han seguido aportando. También con quienes nos han apoyado sin pestañear en tiempos inciertos. Y muy especialmente, con un agradecido recuerdo para La Voz, y nuestros mejores deseos para los compañeros y compañeras afectados por su cierre.
El final de este periodo de transición se materializará en la segunda quincena de septiembre, cuando la que será realmente la segunda etapa de El Cuaderno eche a andar con dos novedades muy perceptibles —periodicidad quincenal y más páginas—, una profundización en nuestro espíritu (apertura, flexibilidad, rigor, calidad) y la reiteración del lema con el que comenzamos, en absoluto corregido, pero sí aumentado: crear, divulgar y, de un modo o de otro, resistir.


No hay comentarios:

Publicar un comentario