jueves

Declaración de principios


1.

Hace sólo unas semanas, la ciudad de Wroclaw, en Polonia, acogió el Congreso Europeo de Cultura; un acontecimiento a mitad de camino entre el espectáculo de masas y la filantropía de Estado organizado con motivo de la presidencia polaca de la UE. A él fueron invitados ilustres intelectuales, académicos, creadores, gestores y políticos con el cometido habitual en estos casos: reflexionar en voz alta, conversar en público y suministrar vistosos titulares de prensa en torno a las cuestiones también habituales en estos casos. En particular, el sentido y la función de la cultura en estos tiempos nuevamente menesterosos.

         Por lo menos, en cuanto a titulares, Wroclaw cumplió. Desde allí se proclamó que la cultura es muchas cosas, todas ellas importantes (y a menudo muy contradictorias): La seña que define la identidad europea; la industria distintiva y el gran recurso económico del Viejo Continente; la panacea contra todo tipo de crisis, económica o espiritual; un estado de resistencia permanente frente al permanente control del Estado, que es al tiempo un asunto de Estado; lo que el arte condensa y transmite, pero también todo aquello que aspira a subvertir; la salvación de Occidente, del mundo entero; un archipiélago cuya primera tarea es justamente romper la insularidad de sus partes. Multicultura. Contracultura. Cultura con Mayúsculas... Un solemne repertorio de declaraciones que desapareció al momento en el estrépito de la tempestad que se abate sobre Europa.

2.

Con todo, algo queda de estos fastos más allá de lo visto-y-no-visto en las páginas de cultura de los diarios. De hecho, la mayor parte de la opinión pública está convencida de que, aparte del trato íntimo con un libro o un CD o la atención hacia cierta agenda de actividades que se repite de modo muy parecido en todas las ciudades hacia las ocho de la tarde, la cultura tiene mucho que ver con la clase de elevados asuntos de los que se trata en congresos como el de Wroclaw. Y en buena parte no se engaña; pero en buena parte también está olvidando que la cultura bien pudiera ser mucho más y mucho menos que patrimonio e identidad colectivos, industria y propaganda, institución y crítica, papanatismo y resistencia, ocio ilustrado e higiene social.

Es algo que se aprende en el contacto cotidiano con los agentes de cultura en cualquiera de los tramos de su intrincada estructura de producción. Sus puntos de vista, sus declaraciones y sus objetivos no suelen ser tan ambiciosos y grandilocuentes. Más bien al contrario. Como cualquier otra persona en cualquier otra tarea, a los creadores, promotores, gestores y transmisores de cultura les preocupa sobre todo la resolución de esa maraña de problemas pequeños que suelen ser, en realidad, los grandes problemas: encontrar los mejores cauces para ajustar conceptos, emociones y mundo a través de la creación artística; llegar a su público y a sus mercados, o encontrar nuevos públicos y nuevos mercados; abrir accesos, tender puentes, ejercer del mejor modo la creación, la fruición, la información, la enseñanza o la crítica; programar la mejor oferta cultural posible con el mínimo de recursos posibles... Por lo general, saben que, cuando se resuelven con acierto estos asuntos aparentemente menores, todos aquellos grandes asuntos acaban teniendo por añadidura alguna respuesta digna de consideración.

3.

Para constatar todo esto no es preciso acudir a ninguno de los grandes centros de producción y difusión de cultura. También esta isla llamada Asturias está llena de personas que a diario se las ven con problemas como los citados, que constituyen ni más ni menos que una parte esencial de su vida, o directamente su forma de vida, en cualquier sentido de esa expresión.

Para ellos –productores, divulgadores, gestores, mediadores y sobre todo público- nace hoy este Cuaderno: una apuesta conjunta del La Voz de Asturias y de ediciones Trea que quiere poner al servicio de todo ese amplio colectivo de la sociedad asturiana una nueva plataforma de comunicación. Cada domingo, una separata gratuita de dieciséis páginas abordará la actualidad literaria, artística, escénica y editorial en cualquiera de sus manifestaciones y aspectos, con especial atención a lo que afecta a quienes trabajan en el sector cultural, dentro o fuera del Principado. Nuestra intención, desde el punto de vista periodístico, es ofrecer un servicio: una mediación rigurosa, pero también atractiva y ágil, con un marcado componente de información y actualidad, pero sin las esclavitudes y las urgencias de la agenda diaria.

Apertura y flexibilidad son también don conceptos cruciales en este proyecto. Nuestro ideal es una publicación que no dirija, sino que reciba y difunda con fidelidad y divulgue con la mayor amplitud posible el pulso cultural que emite la región a través de un formato dinámico, capaz de desplegar muchos tonos, muchos registros y un extenso plantel de firmas representativas de todos los ámbitos, generaciones y perspectivas culturales que conviven ahora mismo en el ámbito asturiano. Como quizá hubiera convenido el maestro de críticos Cyril Connolly: un periodismo que como tal mantenga su capacidad de impacto y frescura, pero que como literatura “se pueda leer dos veces”.

         El Cuaderno aspira también a ser una plataforma de creatividad y, modestamente, de producción artística. La creación literaria en cualquiera de sus modalidades tendrá un peso permanente en el suplemento, pero también la plástica y otros géneros artísticos, indiscutiblemente uno de los activos principales de la cultura asturiana contemporánea.

4.

El hecho de que aparezcamos en un momento crítico, en el que las incertidumbres locales se solapan con una crisis de consecuencias difícilmente predecibles a todas las escalas y en todos los aspectos, implica compromisos añadidos. Estamos convencidos de que una publicación de esta naturaleza debe envolver hoy un acusado componente de debate público, de crítica en el sentido más extenso, y seguramente de resistencia y hasta de defensa en tiempos en los que el concepto de cultura que se ha estabilizado en los años del bienestar va a ser puesto a prueba con dureza. Es un escenario que invita a plantear numerosos debates: unos, de fondo; otros, más coyunturales y urgentes, sobre la función, los procedimientos y la difusión de la cultura y su relación con la sociedad, las instituciones y los individuos.

Queremos que esos debates estén presentes en caliente y de modo sostenido en El Cuaderno. Tan en caliente como aspiramos a registrar el trabajo y el interés por la cultura que aún persisten en una parte importante y valiosísima de la sociedad asturiana que, sin necesidad de grandes palabras, entiende la cultura como una forma de estar vivos y de enriquecer la vida.

El resto, quizá se nos dé por añadidura.

El Cuaderno
16 de octubre de 2011

1 comentario: